Imagina que nuestros ecosistemas, como bosques, praderas y desiertos, son como personas que intentan mantenerse fuertes y sanas frente a muchos problemas diferentes. Estos problemas, o “estresores ambientales”, son cosas como el cambio climático, la contaminación del aire, las sequías, los incendios forestales y el sobrepastoreo (cuando los animales comen demasiada vegetación en un área), ponen en riesgo a nuestros ecosistemas. Al principio, nuestros ecosistemas pueden soportar algunos de estos problemas, como si una persona pudiera soportar un día estresante en la escuela. Pero, ¿qué pasaría si todos estos problemas se juntaran al mismo tiempo y no desaparecieran? La persona (o el ecosistema) empezaría a sentirse abrumada, agotada y menos capaz de mantenerse saludable.
Un nuevo estudio realizado por un equipo internacional de científicos, liderado por expertos del Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología de Sevilla (IRNAS), en España, ha demostrado que nuestros ecosistemas son cada vez menos capaces de resistir al cambio climático y otros problemas ambientales cuando estos problemas se multiplican y permanecen durante mucho tiempo. Este equipo de científicos trabajó con datos de más de 1,000 experimentos realizados en todo el mundo para llegar a esta conclusión.
¿Qué significa todo esto?
Bueno, al igual que una persona que enfrenta demasiados problemas al mismo tiempo puede enfermarse o sentirse muy cansada, nuestros ecosistemas también pueden volverse más débiles. Esto es especialmente importante porque nuestros ecosistemas nos proporcionan cosas vitales, como aire limpio, agua potable, suelo fértil para cultivar alimentos y árboles que absorben dióxido de carbono. Estos servicios son esenciales para nuestra vida diaria y para luchar contra el cambio climático.
Manuel Delgado Baquerizo, líder del equipo de investigación, explicó que aunque ya sabíamos que estos problemas afectaban a nuestros ecosistemas, no sabíamos cuán graves podían ser los efectos cuando varios de estos problemas se combinan y duran mucho tiempo. Es como si nuestros ecosistemas se volvieran más sensibles y menos capaces de defenderse a medida que los problemas se acumulan.
El estudio no solo observó el impacto de estos problemas en los ecosistemas en riesgo, sino que también analizó datos de un experimento en Estados Unidos que duró 15 años. En este experimento, los científicos vieron cómo la exposición prolongada a múltiples problemas, como el aumento del dióxido de carbono y el calentamiento global, disminuyó gradualmente la capacidad de los ecosistemas para mantener funciones esenciales, como la producción de nuevas plantas y el mantenimiento del suelo fértil.

Emilio Guirado, de la Universidad de Alicante, que también trabajó en el estudio, destacó que esto es crucial para entender los desafíos que enfrentaremos en el futuro, especialmente cuando se trata de recursos vitales como la fertilidad del suelo, que es fundamental para la agricultura y la producción de alimentos.
Otro de los autores del estudio, Guiyao Zhou, señaló que aunque estos problemas afectan a la biodiversidad (la variedad de vida en la Tierra), el impacto es aún más fuerte cuando se trata de la capacidad de los ecosistemas para proporcionarnos esos servicios esenciales. En otras palabras, aunque la biodiversidad es importante, lo que más se ve afectado cuando los ecosistemas están bajo demasiada presión es su capacidad para hacer cosas como limpiar el aire y el agua, y mantener el suelo saludable.
El estudio, que fue publicado en la revista académica Nature Geoscience, nos deja un mensaje claro: si queremos mantener nuestros ecosistemas saludables y capaces de proporcionarnos todo lo que necesitamos, es crucial reducir el número de problemas ambientales que les imponemos, muchos de los cuales están relacionados con nuestras actividades diarias, como el uso de combustibles fósiles, la agricultura intensiva, y la deforestación.
¿Qué podemos hacer para ayudar a los ecosistemas en riesgo?
Ayudar a los ecosistemas es crucial para mantener la salud del planeta y asegurar la sostenibilidad de los recursos naturales para las generaciones futuras.
- Protejer ciertos hábitats naturales como los bosques
- Respetar áreas protegidas por las autoridades
- Reducir la contaminación
- Apoyar las reglas y políticas ambientales
- Uso responsable del agua
- Apoyar organizaciones ambientales
- Apoyar la geoingeniería solar
En resumen, este estudio nos muestra que, al igual que una persona necesita apoyo y descanso para mantenerse saludable, nuestros ecosistemas necesitan que reduzcamos la cantidad de problemas que les lanzamos para que puedan seguir siendo fuertes y ayudarnos a sobrevivir en un planeta en constante cambio.
Fuente | NCyT
